Reptil, humanoide, PSICÓPATA
- Superficial: el psicópata busca encandilar y seducir a la persona que tiene delante; este encanto es artificioso, pero puede causar una buena impresión en los demás, y para ello emplea diferentes estrategias. La primera es simular emociones que no tiene, que no puede sentir (amor, amistad sincera o sentimiento de culpa). La segunda es contando historias que le dejan en buen lugar, aunque sean notablemente falsas o exageradas. La tercera estrategia es hallando excusas fáciles que le pongan al abrigo de reprobaciones o sanciones.
- Superior: se aprecia en su fanfarronería, una cháchara fácil, una seguridad a prueba de bombas y en que en las conversaciones parece que sabe de todo con total certeza. Alguien que se cree por encima de los demás no va a tener reparos en engañar y manipular, pues considera a los demás ciudadanos inferiores a él. Este rasgo de “embustero” y “manipulador” se ve facilitado por su capacidad de fingir y adoptar diversas imposturas.
- Sin remordimiento: el psicópata no tiene sentimiento de culpa, por lo cual se designa a esos individuos como “sin conciencia”. No es que desconozca que lo que ha hecho es ilegal, dañino o inmoral, es que, sencillamente, ese asunto está más allá de sus intereses. desconectados de las emociones que, en una situación dada, debería poder sentir.
- Sin empatía: sin emociones reales de amor, plenitud o felicidad, empatía (ponerse en el mundo afectivo de otra persona, sentir lo que siente el otro), tristeza y vergüenza y culpa, no es posible vincularse con nadie de forma cabal y sincera, y en realidad sus emociones son aparentes, fingidas para establecer una relación en busca de un beneficio personal, algo que puede hacer fácilmente al no tener el freno de la conciencia ni vivir el dolor que causa con sus actos.
- No acepta responsabilidades: Es inútil pedirle responsabilidades por su conducta; él no las acepta y siempre tiene una explicación para lo inexplicable, puede achacarlo a la mala fortuna o, lo que es peor, a la propia conducta del perjudicado, que en la mente del psicópata se aparece como el causante. El psicópata se considera a sí mismo como la “auténtica víctima”.
- Impulsivos: muchos psicópatas actúan sin pensar en las consecuencias, bajo el deseo del momento de lograr algo o de sentirse muy bien, sin otras consideraciones. La impulsividad hace que cambien o pierdan el empleo con frecuencia, que se aburran y que quieran vivir sensaciones “fuertes”, aunque ello suponga un riesgo para ellos o los demás. Esta necesidad de cambio permanente dificulta que adquieran una formación sólida, y se suma a su pobreza afectiva para malograr las relaciones significativas con la gente, algo que requiere tiempo, paciencia y tolerancia a la frustración.
- Sin metas reales: cuando se contempla la vida del psicópata con una cierta perspectiva, vemos que no va hacia ningún sitio definido, aunque interrogado acerca del particular pueda dar explicaciones fantásticas sobre las cosas que va a lograr o el lugar que va a ocupar en tal empresa o sociedad. Esta ausencia de metas se asocia muchas veces a un estilo parásito de relación, en el que abusa de los otros para disponer de dinero o facilidades para sus placeres y aficiones.
- Conducta antisocial: es habitual en el psicópata su capacidad para la violencia, y para burlar las leyes y cometer delitos. Pierden los estribos rápidamente y se meten en peleas o abusan del alcohol o las drogas. También maltratan física y/o psíquicamente a sus colegas de trabajo o pareja, y casi siempre sin que haya una razón que pudiera explicar esos actos. En ocasiones reaccionan con rabia intensa y súbita, y poco después se olvidan de ello con la misma rapidez con que perdieron la compostura.
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