He pasado más de la mitad de mi vida en hospitales, En ellos he visto y aprendido de todo. Mi carrera ha sido muy satisfactoria en todos los planos imaginables de este paradigma en el que nos encontramos. He obtenido muy buenos resultados en lo profesional, cariño, respeto, prestigio. He navegado "con suerte" en medio de océanos de dolor y sufrimiento. Con los años y la experiencia en el manejo y convivencia con el dolor he creado un Ego(como todos) Afortunadamente mi ego no ha sido del todo un ego rígido. Ha permitido que en muchos momentos viese hendiduras en su cobertura; por ellas entraba la luz. Una luz que nos rodea a todos, que nos penetra de lado a lado y nos mantiene a cada instante vivos. Pero somos "tan listos" y tan "capaces" que no nos damos cuenta de la mayoría de lo que acontece. Nos creemos únicos y el centro del universo(falso y artificial, creado y mantenido por esta forma de vida) Afortunadamente esas rendijas se fueron haciendo ranuras y luego verdaderas ventanas por las que todo entró un día, de golpe. Es evidente, la tecnología ha llegado a niveles insospechados, la masificación de la atención médica de calidad a muchísimos rincones(sobre todo en el primer mundo), los avances en biotecnología, en implantes, en antibióticos.... Aún así, el número de enfermos aumenta a cada instante. Una marea imparable de depresiones, cánceres, fibromialgias, enfermedades autoinmunes, suicidios, drogodependencia, por citar algunos males. Una enfermedad generalizada, potenciada por la forma de vida impersonal, por el consumo indiscriminado, por la ausencia de atención y entendimiento. Por tantas cosas inimaginables.... El cambio esta en comenzar a mirar viendo, a oír escuchando, a hablar entendiendo. Echar por tierra fronteras que nos dividen y separan en idiomas,nacionalidades, razas, credos. Somos partes de un todo y ese todo es impermanente, cambia y se transforma a cada instante. El amor nos es común a todos y lo desechamos a cada momento. Por ello, hoy continuo siendo un cirujano que acude a su hospital, pero también dedico horas a escuchar y sentir, a palpar el dolor y a canalizar lo mejor de todos para la sanación necesaria y única capaz de salvar a esta maltrecha "humanidad" Aunque nadie lo crea, la felicidad y la salud están delante de nuestras narices.
Guti
Guti