No hay nada que buscar, justo al detener todo intento, todo aparece. Basta con no desear obtener para constatar que está todo justo ahí, en medio de nosotros. No hay nada que nombrar, clasificar, almacenar, controlar. Nada que aprender, enseñar, medir, atesorar. Basta con prestar atención, es todo lo que hay. Sentados frente a la inmensidad de nuestras propias vidas se manifiesta inevitablemente el universo común.