viernes, 2 de noviembre de 2012

Hipócrates, el de la cama 0


  La llamada medicina Occidental está  irremediablemente  atrapada en una espiral destructiva. Atenazada entre la industria y la política, se vuelve cada vez más impersonal e ineficaz. Enormes listas de espera que conducen a consultas fugaces, en las que el contacto humano es apenas palpable. El  interrogatorio exhaustivo y el concienzudo exámen físico,  constituían  las herramientas esenciales del arte médico, han sido relegadas a un plano casi imposible ante la fiebre de diagnosis basada en costosas y muchas veces invasivas pruebas tecnológicas. La humana relación médico paciente se ha convertido en una odisea sin fin, en la que priman el ataque y la defensa. Hay una total desinformación de la población a todos los niveles, pero la ausencia de educación sanitaria clama justicia. La manipulación política de las prestaciones sanitarias y a la vez el posterior incumplimiento de las promesas "electorales" han creado un verdadero caos en el que "las necesidades"son magnificadas o minimizadas a conveniencia. Cada vez hay más enfermos y menos soluciones. Llegamos a diagnósticos futuristas y luego las soluciones siguen siendo las de la era de la palabra. Nadie es capaz de entender, por ejemplo, que la artrosis forma parte del equipaje del que envejece, o que el dolor no es una enfermedad, o que las radiografías no curan, o el verdadero significado de Urgencias. En fin, que a día de hoy estamos en una nave que hace aguas y ya nadie cree en los parches. Esto  hablando del primer mundo.... Me he dejado más de la mitad de mi vida entre consultas, guardias y quirófanos y siempre me he dejado la piel. No me arrepiento. No puedo negar que se ha llegado muy lejos, la anestesia , los antibióticos , las modernas técnicas quirúrgicas y la tecnología razonable han mejorado y alargado la calidad de vida de los seres humanos y porqué no, de los animales. Pero, poco ha poco se ha ido perdiendo el norte del asunto. Demasiados estímulos en la "vida" cada vez más impersonal de hoy han creado una humanidad ajena a los estímulos de la vida. Por eso ahora me dedico, además de a diagnosticar científicamente, a intentar convencer a los que sufren, de que hay un camino transitable, aún, que vale la pena caminar.
       Gutiérrez