viernes, 28 de septiembre de 2012
Para estar, siendo
El hombre de nuestro tiempo se ve arrastrado por el engranaje de la producción y el consumo, hasta tal punto que va llegando a ser una parte de esa máquina,y pierde su autodominio. La vida cotidiana dispersa nuestro espíritu, devora nuestro tiempo. Por eso no tenemos ocasión de tomar conciencia de nosotros mismos y regresar a nuestro yo profundo. Habituados a estar OCUPADOS constantemente, si esas ocupaciones nos llegan a faltar, nos encontramos vacíos y desmparados. Entonces rechazamos la confrontación con nosotros mismos y vamos a buscar amigos, a mezclarnos con la muchedumbre, a oír la radio, a ver la televisión, para borrar esa impresión de vacío.
La vida actual, excesivamente trepidante, nos hace fácilmente irritables. Las emociones nos agitan no pocas veces cada día,nos dominan, nos poseen. Influyen considerablemente en nuestras decisiones. Y si nosotros ya no somos nosotros,¿cómo podremos decir que somos los que vivimos y decidimos nuestra vida?
La vida de nuestros días está organizada según la RAZÓN. Participamos en ella con solo una mitad de nuestro ser: nuestro intelecto. La otra mitad, más profunda e importante ,es el inconsciente, el asiento fundamental en el que se hunden las raíces de nuestro ser. Esta otra mitad no puede ser analizada por la razón ni por el intelecto. La persona de hoy abraza la razón, confía en la racionalidad. Está desarraigada de la base de su propio ser. De ahí el fenómeno de la alienación que padece.:el ser humano pierde poco a poco su humanidad y llega a ser cada vez más mecánico.
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