martes, 26 de febrero de 2013

El capitalismo del Ego engendra monstruos


Sobre el homo oeconomicus,la ideología neoclásica o neoliberal está todo dicho, si bien no por parte de todos. Ya el poeta favorito de Alemania, Goethe, predijo en 1832 en su drama Fausto el dominio universal del dinero… ¡Y en verso! Sin embargo, a comienzos del siglo XXI tenemos que añadir algo esencial, nuevo y original: el Fausto digital, o más exactamente: el atrevimiento y ceguera fáusticos del capitalismo del ego.
Frank Schirrmacher, coeditor delFrankfurter Allgemeine Zeitung,describe en su libro de reciente aparición, Ego, cómo la implantación de este “nuevo” egoísmo ha ido adquiriendo carácter normativo y, tras la guerra fría, ha sellado la victoria de la teoría de la elección racional hasta en los detalles más nimios del mundo de la vida; incluso en el alma digital delhomo novus. Hasta el concepto sartriano de “mala fe” se queda demasiado corto, puesto que presupone la libertad de elección.
Los economistas afirman, naturalmente, lo de siempre: se trata solo de modelos. La del homo oeconomicus no es más que una hipótesis. Pero en el drama real, de desenlace abierto, en el que todos somos participantes y espectadores, víctimas y cómplices, lo que está en juego es cómo el homunculus oeconomicus —un ciborg, un androide, una figura artificial, a medio camino entre la máquina y el hombre— se ha escapado de los “laboratorios frankensteinianos de Wall Street”. Esa narración dramática también extrae su potencia de la brutal sencillez con la que se reacciona a la complejidad extrema del mundo: 1/0, sí/no, conectar/desconectar: es decir, los hombres actúan con códigos informáticos de acuerdo con las leyes de los economistas.
Nadie cree ya en nada, solo en lo que uno quiere. De ahí se deriva la desconfianza de todos frente a todos, de la que el mal se alimenta en todas partes. Aquí tenemos la paradoja: en un momento histórico en el que las instituciones del Estado de bienestar, los mercados financieros y la relación con el entorno natural sufren una crisis fundamental, surgen las “egomónadas”. Su funcionalidad no solo estriba en ocultar frente a otros las consecuencias de la propia acción. Más bien han de interpretarse como estrategias de evitación del riesgo en un mundo de riesgos globales: como una sociopatología del capitalismo del ego.


La crisis financiera y europea solo abre una primera perspectiva de esta ceguera del Fausto digital. Los mercados financieros no son más que los primeros mercados automatizados. Pero les seguirán otros. La comunicación social, los grandes datos, los servicios secretos, la manipulación de los consumidores, a quién se considera un terrorista, las universidades en la barahúnda reformista neoliberal, las relaciones amorosas digitalizadas, el choque de las religiones mundiales en el espacio digital, etcétera.
¿Qué tiene de novedoso el Fausto digital? En la Edad Media los alquimistas intentaban transformar en oro los metales innobles. Los actuales “alquimistas de los mercados” (Schirrmacher) transforman hipotecas tóxicas, de alto riesgo, en productos de primera clase, calificados con notas tan altas que incluso pueden ser adquiridos por los fondos de pensiones. ¿Puede uno comprar una casa sin dinero y gastar además un dinero inexistente? Sí, puede, replican los malabaristas financieros, esos neoalquimistas de bancos mundiales demasiado grandes para caer.
Ante nosotros se abre el nuevo mundo de la manipulación digital del alma. Innumerables agentes digitales, con frecuencia completamente estúpidos, están tan fascinados con sus ideas que no se dan cuenta en absoluto de cómo, a partir de los ingredientes de egoísmo, codicia y capacidad de engañar, surgen monstruos. Entre ellos, monstruos políticos. La política de ahorro con la que Europa responde en este momento a la crisis financiera desencadenada por los bancos es percibida por los ciudadanos como una monstruosa injusticia. Son ellos quienes tienen que pagar con la moneda contante de su existencia por la ligereza con la que los bancos han pulverizado sumas inimaginables. Sin embargo, quienes se dedican a entender al capital, los hermeneutas de los monstruos, han desarrollado un lenguaje curiosamente terapéutico. Los mercados son “tímidos” como cervatos, afirman. No se dejan “engañar”. Pero los verdugos económicos, denominados “agencias de calificación de riesgos”, que también rinden tributo a la religión terrenal de la maximización del beneficio, basándose en las leyes del capitalismo del ego emiten juicios que alcanzan a Estados enteros en el corazón de su ser económico: a Italia, España o Grecia.
“Cada hombre tiene que convertirse en el mánager de su propio yo(Schirrmacher). Ya ha pasado el tiempo en el que los empresarios eran empresarios y los trabajadores, trabajadores. Ahora, en el nivel del capitalismo del ego, ha surgido la nueva figura social del “empresario de sí mismo”: es decir, el empresario descarga la coerción de autoexplotación y autoopresión sobre el individuo, que tiene que aceptar con entusiasmo esta situación, porque ese es el hombre enteramente nuevo que ha nacido en el nuevo mundo feliz del trabajo. El empresario de sí mismo acaba siendo el “cubo de la basura” de los problemas irresueltos de todas las instituciones.
Y, sin embargo, la “individualización”, entendida en un sentido sociológico, es mucho más que eso, es “individualismo institucionalizado”. El proceso de individualización en este último sentido no se refiere únicamente a una ideología social, o a una forma de percepción del individuo, sino que hace referencia a instituciones centrales de la sociedad moderna, como los derechos civiles, políticos y sociales fundamentales, dirigidos todos ellos al individuo. De ahí surge una generación global, interconectada de forma transnacional, que ha de ensayar cómo volver a armonizar individualismo y moral social y cómo conjugar la libertad de arbitrio y la individualidad con una existencia orientada a los otros.


Muchos jóvenes ya no están dispuestos a ser soldados en la ejecución de las instrucciones jerárquicas en las organizaciones sociales, ni a renunciar a tener voz propia siendo previsibles peones de un partido. Antes al contrario, las instituciones —sindicatos, partidos políticos, iglesias— se convierten en jinetes sin caballos. La agitación anticapitalista que existe en el mundo probablemente tenga que ver con ambas cosas: el choque de la individualización de los derechos fundamentales con la mercadotecnia del yo que sigue reglas económicas transparentes.
El riesgo de colapso, cada vez más palpable, también ha despertado el sueño de una nueva Europa.
Vivimos en una época en la que ha ocurrido algo que hasta no hace mucho parecía inimaginable, esto es: que los fundamentos del capitalismo global —antes considerado racional, pero que ha terminado siendo irracional— se han hecho completamente políticos, es decir, cuestionables, e incluso políticamente modificables. Existen versiones radicalmente distintas del futuro de Occidente, donde entretanto tiene lugar casi una guerra fría civil: ¿se quiere un capitalismo regulable, que busque un equilibrio con los movimientos sociales y esté abierto a las cuestiones del clima, o se apuesta por la autorregulación del capitalismo globalizado del ego y por más intervenciones militares, de modo que se intente mantener la cohesión nacional aplicando el esquema de amigo/enemigo? Ese es el núcleo del conflicto.
Los riesgos globales son una especie de recordatorio colectivo forzoso de que el potencial de aniquilación al que nos hemos expuesto incluye nuestras decisiones y nuestros errores. Estas impregnan todos los ámbitos de la vida, pero al mismo tiempo abren nuevas oportunidades de transformación del mundo. Es la paradoja en virtud de la cual los riesgos globales dan aliento a la acción. En ello estriba la opción europea: plantear sistemáticamente la pregunta de qué alternativas hay al capitalismo digital del ego. La pregunta de cómo, mediante una Europa distinta, es posible más libertad, más seguridad social y más democracia.
Ulrich Beck es sociólogo y profesor de la London School of Economics y de la Universidad de Harvard. Su último libro publicado en España es Una Europa alemana,Paidós 2012.
Traducción de Jesús Alborés Rey.
El Pais

lunes, 11 de febrero de 2013

Cierto, pero no tanto...al menos por aquí



Las organizaciones están cada vez más preocupadas por premiar a los que realmente aportan, no a los que buscan el beneficio individual a cualquier precio. Éstos viven ahora su peor pesadilla: la presión de los resultados, del jefe y, sobre todo, del equipo.“Conseguir resultados y beneficios constantes en el tiempo es la clave y ahí, el trepa no tiene sitio”. Esta afirmación de David Comí, socio director de Incrementis, ilustra uno de los motivos que lleva a pensar que estos personajes tienen los días contados en la empresa. El motivo parece bastante evidente: “Este tipo siempre quiere conseguir resultados visibles a corto plazo, por la vía que sea posible, el camino más corto. Si es necesario no respetar, mentir, desacreditar o aprovecharse de otras personas para conseguirlo lo hará”.
El trepa tiene poca empatía con sus compañeros y no establecer vínculos afectivos le permite seguir con su actividad. Su meta es llegar a lo más alto, caiga quien caiga. Pilar Jericó, socia directora de Be-Up, dice que eso que siempre ha sido mal visto en los grupos de trabajo, ahora es una evidencia a voces: “La crisis ha contribuido a una erosión emocional muy fuerte y los equipos tienden a apoyarse más que nunca. Ahora toca arrimar el hombro. Los que vayan por libre quedan fuera”.
El resultado de esta situación es que las personas disonantes, aquellas que no siguen al equipo, adquieren relevancia por el mal ambiente que generan. “El trepa es un perfil muy de logro, desconectado de la afiliación y la influencia, lo que le ciega para ver al otro”, señala Jericó.
Cambiar comportamientos en un equipo de trabajo es difícil. Si se trata de personas que durante una buena temporada, sobre todo en la época de bonanza, se sentían cómodos en la individualidad todo se complica. Entonces los trepas campaban a sus anchas, conseguían sus objetivos sin preocuparse más que de ellos mismos. Jericó asegura que esa estrategia ya no funciona, “el éxito individual no es tal si este no contribuye al equipo. Si el profesional no aporta, sus méritos pasan inadvertidos”.
En opinión de Comí, para conseguir resultados se deben compartir metas y objetivos con otras personas, “para ello es necesaria la interacción y la colaboración mutua. Los profesionales deben desarrollar habilidades como la empatía, la escucha activa, la proactividad y la colaboración”.
Aunque en el caso del trepa se trata de comportamientos muy arraigados, la socia de Be-Up afirma que en estos momentos, el miedo a un posible despido si no se produce un cambio de actitud ayuda: “Recordemos que se trata de tipos que quieren destacar a cualquier precio. No obstante es el momento de que el líder actúe contra ellos y salga reforzado”.
Desenmascarar al malo
Como en cualquier tribu, conseguir expulsar al tóxico puede convertirse en un aliciente que, en el caso de entornos laborales, puede traducirse en un aumento de la productividad. Jericó asegura que el jefe que logre librarse del trepa puede salir favorecido, “y no sólo por quitarse de encima a este tipo, sino a todos aquellos considerados disonantes que pueden generar ruido. Una cosa es crear equipos diversos pero otra muy distinta es incluir profesionales que pueden abocar a la destrucción de los mismos”.
Los victimistas, los vampiros emocionales capaces de robar la energía ajena en su propio beneficio o los mandones también están en peligro de extinción. Según Comí, dejar a la vista a estos personajes “aumentará el clima de colaboración entre compañeros y se creará un ambiente más positivo y básico para que las personas tengan un alto rendimiento. Esto se concentra en probar, arriesgar y conseguir, no sólo en cumplir órdenes”.
Los buenos jefes son los grandes beneficiados por esta coyuntura. Ahora tienen la oportunidad de penalizar las malas prácticas de los trepas, “dejar claro que lo que importa son los resultados y el desarrollo profesional de sus colaboradores, no las adulaciones, peloteos y que les bailen el agua. Si el líder permite tener trepas en su departamento, no formará un equipo de trabajo, tendrá sólo un equipo de personas” 
Tomado de: Expansión.com

martes, 5 de febrero de 2013

Soliloquio sobre la cobardía

Decía Gandhi que ‘más atroz que las cosas malas de la gente mala es el silencio de la gente buena’. Pero ¿por qué la gente buena tiene que hablar o manifestarse?. Ha podido perder las ganas de hacerlo o quizás es que no la dejan hablar o simplemente su voz no se escucha entre el ruido que produce la multitud de cacareos. De cualquier manera si no lo hace no es por cobardía. La gente buena no puede ser cobarde porque entonces ya dejaría de ser buena gente. Los cobardes, llegado el caso, pueden vender a su madre y a su abuela a cambio de un plato de alubias o a cambio de colgarse una pequeña medalla en la solapa. Quizás por eso no son tan buenos… Fue ante estas dudas que un día Charles de Gaulle preguntó al filósofo Jean Guitton: ‘- Dígame Maestro, ¿qué es la cobardía?’. Éste le respondió: ‘- La cobardía, General, es buscar la aprobación y no la verdad, las condecoraciones y no el honor, el ascenso y no el servicio, el poder y no la salud de la Humanidad’. Parece pues que la bondad no es compatible con la cobardía porque esta última acaba por impeler al individuo que la anida a la maniobra sucia y a la acción oscura con fines que no van más allá de su propio egoísmo… Así, cualquiera concluiría que no es la cobardía la que provoca el silencio de la gente buena, y puede que no sea consecuencia mas que del fruto maduro de la propia experiencia, que no haya otra razón mas que la prudencia serena ante la cobardía probada de los que los dirigen o gobiernan o someten

Tomado de:http://www.ellibrepensador.com/2008/11/04/soliloquio-sobre-la-cobardia/

A mi buen Amigo


            A Margarito (el perdiz o capitán araña)

      Margarito el perdiz, resbala como una lombriz
      Siempre llega retrasado
      el reloj no le ha sonado, algún camión le ha bloqueado.
       O quizás por algo del banco le han llamado.

      Margarito el perdiz, con tu apellido de princesa
      solo te van ciertas fresas,
      no te escurras hoy de lado ,se te descongela 
      el pescado.

      Margarito el perdiz ,
      siempre de todo enterado, el colmo de lo enrevesado
      y no eres capaz de sentir, no se te da ni mentir
      muchas flechas te han fallado.

      Margarito el perdiz
      de nada valen los lujos si la vida es un tapujo
      si no caminas despierto, ya no saldrás del desierto
      te importa un pito lo que vale ,la mordaza, esa es tu clave.

      Margarito el perdiz
      en la vida tu eres un aprendiz, dudas no me caben
      en tus ojos se nota , muchos lo saben
      Crees que todo es para siempre y que tiene precio
      Y ahí es donde se te sale el necio

      Margarito el perdíz
      Podrás creer en tus planes, te rodeas de rufianes
      ni siquiera disimulas, no te crees ni tus dudas
      Magistral en tus escapadas por peteneras a las sombras
      Ya te pondrá la vida en tu alfombra.

                Guti

lunes, 4 de febrero de 2013

Para leer....

Fue en el año 1926 cuando Fromm conoció el budismo, a partir de ese momento se preocupó por profundizar su conocimiento del tema a tal punto llegó su interés que invitó a brindar un seminario en México al Dr. Daisetz T. Suzuki, una de las personas que más hicieron por difundir el budismo en occidente, producto de esas conferencias surgió el libro escrito por ambos: “Budismo zen y psicoanálisis”. El budismo tuvo por un lado una influencia en su vida cotidiana ya que se interesó vivamente por temas como la meditación que practicó a diario, pero también se sintió atraído por esa posibilidad de que existiera una religión sin el concepto de Dios. Llegó al budismo apenas poco tiempo después de comenzar a estudiar la teoría psicoanalítica, ambas experiencias lo fueron alejando de la práctica religiosa activa.
Fromm entendía que la finalidad del budismo Zen no tenía muchas diferencias con el objetivo que se proponía el psicoanálisis, ambos alentaban la superación de la codicia y además, los consideraba como una forma de dar una respuesta productiva para enfrentar el sentimiento de aislamiento y soledad que sufren muchos individuos en las sociedades modernas. Según Fromm las religiones deberían acentuar el interés en la correcta forma de vivir más que en las cuestiones formales o rituales, sostenía que sólo se puede llegar al conocimiento de Dios mediante la acción correcta. Con eso quería significar que lo sustancial son los actos de las personas y por ellos deberían ser juzgados y no por creer o no en determinada doctrina. Las religiones orientales reafirman ese concepto ya sea el brahamismo, el taoísmo o el budismo no se fundamentan en la correcta creencia sino en la acción correcta. Esta concepción donde lo importante es el acto, desemboca en una mayor tolerancia que se encuentra presente en el desarrollo religioso indio y chino.
Su primer acercamiento al budismo lo realizó a través de los libros de Georg Grimm (1968- 1945)  y lo vivió como una especie de revelación ya que se podía acercar a un sistema religioso que se basaba en la más pura racionalidad, durante los años 40 y 50 se orientó por las enseñanzas del Dr. Suzuki  y más adelante en los años 60 y 70 se sintió atraído por la mística budista enseñada por Nyanaponika Mahathura. En agosto de 1957 se realizó el seminario donde participó Daisetz T. Suzuki a quién había conocido en la década del 40 en la Universidad de Columbia, Nueva York, Suzuki tenía 86 años cuando Fromm lo invitó a su casa en Cuernavaca donde se llevaron  a cabo esas jornadas que ahondaron en las diferencias y similitudes entre el budismo zen y el psicoanálisis. Diariamente entre las 10 y las 11 de la mañana Fromm efectuaba ejercicios de respiración, de movimientos y concentración que había aprendido de Nyanaponika Mahathura, un monje budista de Sri Lanka que había nacido en Alemania, también dedicaba un momento del día a realizar un autoanálisis a partir de sus sueños, estas dos costumbres formaron parte de su vida cotidiana principalmente durante su vejez. Fromm  consideraba al budismo como el mejor ejemplo de religión humanista, Buda era el gran maestro, el iluminado que conoce  la verdad de la existencia humana, pero  no habla en nombre de un poder sobrenatural sino que se basa en la razón. Les pide a los hombres que utilicen sus facultades que le otorga la razón y que encuentren esa verdad que fue Buda el primero en hallarla. Una vez que se da el primer paso en la búsqueda de la verdad es necesario realizar el esfuerzo para vivir de tal manera que pueda desarrollar todo su potencial de razonamiento y de amor por todas las criaturas humanas. Este concepto que en su expresión más elevada habla de iluminación es un estado del espíritu en el que el individuo se encuentra totalmente despierto donde alcanza un estado de desarrollo de todas las potencialidades que posee el hombre. Suzuki consideraba al budismo zen conformado por doctrinas cuya significación sólo los iniciados con una prolongada instrucción podían entender plenamente, es decir que se basaba particularmente en la experiencia, esto no era porque hubiese una intencionalidad para mantener en la oscuridad sus verdades sino porque el lenguaje humano no era el adecuado para transmitir las verdades del Zen. El misticismo no es su objetivo central, si se logra penetrar la superestructura conceptual, el misticismo desaparecerá y se llegará a la iluminación o Satori. El budismo Zen insiste con vigor en la experiencia espiritual interior, se diferencia de otras formas de misticismo, por ejemplo los cristianos lo realizan por medio de la plegaria o la mortificación y dejan librada su realización a la gracia divina, en cambio, el budismo no reconoce una intervención sobrenatural sino que consiste en un método sistemático.
Como el misticismo desafía al análisis de la lógica resulta de difícil entendimiento en occidente, la mente oriental nos informa Suzuki es vaga e indefinida, no se preocupa tanto por la particularidades sino que prefiere captar intuitivamente la totalidad. Por eso se podría decir que el Zen es provocativamente evasivo. Continuando con Suzuki nos aclara que en el Zen no hay libros sagrados, ni definiciones dogmáticas, ni fórmulas simbólicas mediantes las cuales acceder a su significación. El Zen no tiene un Dios para adorar, ni ceremonias rituales para observar“La idea básica del Zen es entrar en contacto con el accionar interior de nuestro ser, y efectuar esto del modo más directo posible, sin recurrir a nada externo ni superimpuesto.  Por lo tanto, el Zen rechaza cuanto se parezca a una autoridad externa. Se deposita fe absoluta en el propio ser interior del hombre. Pues cualquier autoridad que haya en el Zen, toda deriva de lo interior”.
Seguramente Fromm se vio atraído por ideas como la siguiente que delineaban una doctrina alejada de dogmatismos y esquemas rígidos: “El Zen piensa que somos demasiado esclavos de las palabras y la lógica. Mientras sigamos así encadenados, seremos miserables y padeceremos un sufrimiento indecible. Pero si queremos ver algo que realmente sea digno de conocer, que nos lleve hacia nuestra  felicidad espiritual, debemos afanarnos, de una vez por todas para liberarnos de todas las condiciones; debemos ver si no podemos lograr un nuevo punto de vista desde el cual pueda observarse el mundo en su totalidad, comprendiendo interiormente la vida.El objeto de la disciplina Zen consiste en adquirir un nuevo punto de vista para observar dentro de la esencia de las cosas, la adquisición de este nuevo punto de vista se denomina Satori que puede definirse como introspección intuitiva en contraposición al entendimiento intelectual y lógico. “En el Zen debe haber Satori; debe haber una revolución mental  general que destruya las viejas acumulaciones intelectivas echando los cimientos de una nueva vida; debe haber un despertar de un nuevo sentido que revea las cosas viejas desde un ángulo de observación hasta ahora no soñado”. El Zen en su aspecto práctico se refiere a la preparación metódica de la mente a fin de madurarla para obtener el estado de Satori que es cuando todos los secretos se revelan. En esa búsqueda existen dos ejercicios fundamentales el zazen y el koan. El zazen es estar sentado con las piernas cruzadas en profunda contemplación, se originó en la India y se esparció por todo Oriente. Koan significa documento público y se refiere a una pregunta o afirmación realizada por un maestro a su alumno lo cual es utilizado como forma de lograr una apertura mental del alumno a las verdades del Zen. Esa pregunta adquiere la forma de paradoja cuya respuesta no se puede encontrar con la utilización de la lógica.Leamos ahora una de las afirmaciones de Suzuki que muestra con mayor claridad las razones que llevaron a Fromm a buscar en el budismo algunos elementos que ya se encontraban presentes en sus creencias: “El deseo de poseer es considerado por el Budismo como una de las peores pasiones con la que tienden a obsesionarse los mortales. De hecho, lo que en el mundo causa tanta miseria es el impulso universal a la adquisición. Como se anhela el poder, los fuertes siempre tiranizan a los débiles; como se codicia la riqueza, ricos y pobres siempre cruzan espadas de amarga enemistad. A menos que este impulso de poseer y dominar se erradique por completo, seguirán las furiosas guerras internacionales y el malestar social se incrementará siempre”.
El zen fue una secta dentro del budismo que expresaba una posición antiautoritaria aún más radical, esa doctrina explicaba que ningún conocimiento tiene valor a menos que emane de nosotros mismos, ninguna autoridad, ningún maestro nos puede enseñar a menos que nosotros despertemos, nuestras dudas, palabras y sistemas de pensamientos son peligrosos si terminan convirtiéndose en autoridades a las que veneramos.Aún cuando algunos de los preceptos del budismo pueden parecer un tanto herméticos fundamentalmente para las mentes occidentales, Fromm siempre puso el acento en la misma cuestión primordial, la capacidad fundamental que los hombres debían adquirir era la de diferenciar entre las apariencias y la esencia, de no dejarse engañar por las formas y hacer el esfuerzo de llegar siempre al meollo.
Uno de los consejos que Fromm dio en su vida fue el de evitar dentro de lo posible la charla trivial e intentar en el contacto con otras personas, aún cuando fuera circunstancial, establecer una  vinculación que nos enriquezca. Decía que pasamos gran parte del día en charlas anodinas que muy poco nos aportan, cuando cada ser humano tiene en sí mismo una riqueza espiritual que debería ser explorada, precisamente esta sugerencia la había extraído de las enseñanzas budistas.
Buda decía: “Cuando el ánimo de un monje lo incline a conversar, deberá pensar así: ‘No entraré en esa baja especie de conversación que es vulgar, mundana e insustancial; que no lleva al desapego, el desapasionamiento, suspensión, tranquilidad, conocimiento directo, iluminación y extinción; a saber, hablar de reyes, ladrones, ministros, ejércitos, hambre y guerra; de comida, bebida, vestido y vivienda; de joyas, perfumes, parientes vehículos, aldeas, villas, ciudades y países; de mujeres y vino, de los chismes de la calle y de la fuente; hablar de los antepasados, de pequeñeces, de historias sobre el origen del mundo y del mar, de si las cosas son así o asá, y temas parecidos’. Entonces lo comprenderá todo claramente. ’Pero la conversación que sirva de ayuda para llevar una vida austera, que convenga a la claridad mental, que lleve al completo desapego, desapasionamiento, suspensión, tranquilidad, conocimiento directo, iluminación y extinción; que sea hablar de frugalidad, conformidad, soledad, retiro, perseverancia, virtud, concentración, sabiduría, de la redención y de la lucidez que ésta otorga, en semejante conversación si entraré’. Entonces lo comprenderá todo claramente”.
Otro concepto al que dio importancia y que extrajo del budismo fue el de la atención que implica que cuando uno está realizando una actividad se concentre enteramente en lo que se hace, sea que se esté plantando una semilla, limpiando una habitación o comiendo. Citaba a un maestro zen que decía: “Si estoy durmiendo, duermo; si estoy comiendo, como”. Esto contraría definitivamente casi todos los comportamientos en la vida moderna donde realizamos varias actividades a la vez, por lo general sin poder prestar debida atención a ninguna de ellas.
Fromm dedicaba parte de su día a la meditación no obstante cuestionaba aquellas formas autosugestivas de la meditación, reivindicaba aquellos métodos que tienen por finalidad alcanzar un grado superior, es decir que sirven para alcanzar un plano más elevado del ser. En la meditación budista se ha encontrado una forma sencilla, no engañosa y no sugestiva de meditación que tiene por finalidad acercar al practicante a la meta del budismo que es la eliminación de la codicia, el odio y la ignorancia.
Existe una descripción realizada por Nyanaponika Mahathera en trabajos aparecidos en 1970 y 1973 y que eran los que recomendaba Fromm a aquellos que quisieran aproximarse al tema. Según estos libros el fin de la meditación budista es la máxima conciencia de nuestros procesos físicos y mentales, el autor afirmaba que el cultivo de la recta atención que enseñaba Buda era el método más sencillo y directo, el más completo y eficaz de adiestramiento y desarrollo de la mente para sus tareas y problemas cotidianos así como para un fin más elevado: la propia y definitiva liberación espiritual de la codicia, el odio y el engaño.
Escribió Nyanaponika Mahathera: “La recta atención es, de hecho, la base indispensable de la recta vida y el recto pensamiento…para cualquier lugar, tiempo y persona. Tiene una misión vital para todos; no sólo para el discípulo confirmado del Buda y su doctrina, sino para todos los que procuran gobernar esa mente tan difícil de dirigir, y para los que sinceramente quieren desarrollar sus aptitudes latentes para una mayor firmeza y felicidad”.
La atención no sólo se practica en los ejercicios diarios de meditación donde se trata de tomar conciencia de la respiración sino también se aplica a cada momento de la vida cotidiana. Significa no realizar nada distraídamente  sino con la plena concentración en lo que se hace, no importa si se trata de una actividad que por su repetición se la realiza mecánicamente como caminar, comer o mirar. Por la atención y concentración la vida queda iluminada por la plena conciencia. Quiénes llegaron al estado de plena atención son aquellos que se encuentran plenamente despiertos y conscientes de la realidad en su profundidad.
Fromm no creía en ciertas ideas del budismo como la reencarnación, el negativismo predominante en algunas tendencias internas o en ciertos ejercicios para auto convencerse de determinadas cuestiones, además reconocía que ciertas prácticas de meditación eran muy difíciles, sin embargo afirmaba que descartando estos aspectos había otras ideas esenciales que podían ser rescatadas por aquellos que no eran budistas.
Una de esas ideas que reivindicaba entusiastamente era el planteo que el fin de la vida debía enfocarse en vencer la codicia, el odio  y la ignorancia, aunque sostenía que en estos aspectos el budismo no se diferenciaba demasiado del cristianismo y el judaísmo, en cambio sí era distinto en cuanto a la demanda por lograr la mayor conciencia respecto de los procesos internos y externos.
El budismo surgió como un movimiento revolucionario contra la ortodoxia hindú y fue perseguido durante siglos por su ateísmo, se caracteriza por un grado de racionalidad y un pensamiento crítico que difícilmente pueda encontrarse en otras religiones. Decía Fromm al respecto: “Es una doctrina filosófico-antropológica que propone unas normas de vida basadas en el análisis de los datos observables sobre la existencia humana”. El conocimiento activamente interesado del que habla el budismo, es el conocimiento de “estar adentro” de acuerdo a la expresión clásica del budismo. Cuando Buda veía a un hombre enfermo, no permanecía como un observador distante, lo llevaba a pensar el problema desde el punto de vista de cómo salvar al hombre del sufrimiento, fue ese interés en ayudar a las personas lo que indujo a Buda a su descubrimiento de que si el hombre logra librarse de la mezquindad e ignorancia podrá liberarse del sufrimiento.
Aún en su adhesión a determinados aspectos del budismo y a otras doctrinas emparentadas con el misticismo, Fromm siempre planteó la necesidad de estar firmemente arraigado a la realidad del mundo, también cuestionó cualquier forma de evasión, si el objetivo último era transformar la realidad para instaurar una sociedad más libre y justa indefectiblemente era imprescindible conocer profundamente esa realidad que se pretende cambiar.  
 Tomado de:   Las convicciones de Erich Fromm, publicado en Psicología Online

lunes, 28 de enero de 2013

Como Bartolo, el solitario

¿Por qué el individualismo? Las personas están siempre en búsqueda de su propia identidad, de algo que las haga distintas en cierta forma de todo lo que los rodea. Mucha gente se encierra en sí mismo pensando solo en sus cosas y no se dan cuenta que para encontrarse así mismo hay que verse en el otro. Sin el otro nunca podríamos vernos o distinguirnos. 
El individualismo también puede llegar a ser a veces, una forma de escapatoria del mundo que nos rodea; la persona que se centra en sí misma y trata de no ver a su alrededor, termina en un ciclo vicioso, en el cual no deja de hacer sus tareas cotidianas o laborales.
El individualismo que caracteriza y pone en cuestión cada una de las relaciones humanas y sociales, es una característica típica, sobre todo, de la sociedad actual, donde la sociedad capitalista que trajo consigo el afán del tener por sobre el del ser, en una competitividad exagerada que amenaza constantemente todas las relaciones, tiende a afirmar el primar del individuo por sobre la colectividad, de lo mío por sobre lo nuestro, del bien privado por sobre el bien común, del individuo por sobre y separado del conjunto que lo rodea y del cual inseparablemente es parte. De hecho todo individualismo que nace del egoísmo se transforma en una real y concreta destrucción del individuo, mientras que todo individualismo personalismo que nace como negación de sí mismo a favor de otro se transforma de hecho en la más plena realización del individuo en todos sus aspectos: personalidad, integridad, libertad, potencialidades.
La persona que realmente llega a ser un individuo es por lo tanto aquella persona que logra una unidad interior, de pensamiento y de vida, que se refleja en su visión del mundo y del universo como una unidad y que logra unir bien común con bien individual, distinción con unidad, tener con aportar. 
El individualismo en contraposición al bien común o a los demás, da como resultado una persona dividida en sí misma y por eso no satisfecha, en conflicto consigo misma y con los demás y creadora de permanentes conflictos. El individualismo es por lo tanto la negación, del individuo, de la persona.


Fuente: http://es.shvoong.com/humanities/1913354-el-individualismo/#ixzz2JJ9gDnWx

miércoles, 23 de enero de 2013

Bajo la luz de Orión


 Yo diría que es mayor el miedo a no quedar entre los parámetros de lo conocido que a volar más allá. Salirnos de los márgenes  nos provoca angustia. Aparecen de inmediato carteles que cumplen la función de las señales del tráfico: mayor velocidad de la establecida, circulación contraria, entrada prohibida, prohibida circulación de animales, hielo, desniveles...etc... Queremos quedar bien con lo conocido( enseñado a sangre y fuego), con las tradiciones y los miedos a la ausencia de lo que está a mano para asirnos y salvar nuestros conceptos . Para quedarnos tranquilos según las leyes de la sociedad y sus aparentes verdades. Es más cómodo, más aceptable y tolerable.  Decidir sentarte en silencio bajo la luz de la conciencia resulta un reto de vértigo. Verte ante un espejo que no refleja tu supuesta belleza y armonía puede ser muy feo. No recomendable... Incluso eres capaz de  poner en venta  tus ahoras para refugiarte entre lo que crees tuyo e innegociable, dar a  tus venas agujas y sustancias pensadas para matarlo todo a expensas de algo más. Por el miedo a la desesperanza de "los tuyos". Bajo la luz de Orión y silbando de frío te das cuenta de que conversar y sentir cada latido puede representar la diferencia. Maria y velas agonizantes,la  luz del vino  y los aromas de la tierra , el  Dharma a borbotones, manando de ambas orillas deja que mueran  la esperanza y la dicha plastificadas. Se manifiesrtan la impermanecia y la contigüidad , el desordenado y congruente estado de la vida que permanece hasta en las piedras.
 
     Guti