viernes, 1 de marzo de 2013

Usui Sensei



La historia japonesa  


El ancestral y perdido método de sanación natural, que hoy en día ha sido bautizado con el nombre de Reiki, fue descubierto a principios del siglo XX (1922) por Mikao Usui Sensei, budista laico y Maestro espiritual de la ciudad de Kioto, Japón.
Mikao Usui nació el 15 de agosto de 1865 en la aldea de Ta­niai-Mura, que está situada en el distrito Yamagata, de la prefec­tura de Gifu, en el sur de Japón, en una familia ilustre, bien aco­modada y muy devota de la doctrina de Gautama Siddharta y que seguía con anhelo las enseñanzas del Buda. En el seno de este lugar se crio Mikao Usui. Desde muy joven conoció la vida y to­das las historias referentes a la búsqueda de la verdad y de la iluminación de Buda; esto le fascinaba y deseaba imitarlo.
Usui oyó siempre narrar las grandes vicisitudes que pasó el noble Siddharta cuando un día abandonó su palacio, sus sier­vos, su vida principesca y, con una simple túnica, se fue en busca de la Verdad última, pasando extremas dificultades, ayunos y largas meditaciones para alcanzar la iluminación final.
Mikao Usui se sintió fuertemente atraído y seducido por el amor y la comprensión que irradiaban las enseñanzas y la per­sonalidad de Buda, y por las capacidades de sanación que ad­quirió después de alcanzar la iluminación. No solo el Buda, sino también algunos de sus devotos, tras seguir sus conocimientos sagrados, obtuvieron los mismos resultados.
Después de casarse y haber tenido dos hijos, dejó su hogar. Su necesidad de alcanzar el método para sanar el cuerpo, la mente y el alma como lo hacía Buda, llevó a Usui a viajar por los lugares sagrados budistas de Japón sin descanso y siempre pre­guntando lo mismo. Los monjes budistas respondían también siempre de la misma manera, que desde hacía largo tiempo las enseñanzas budistas se habían dirigido a la expansión y creci­miento espiritual como premisa fundamental, y que el método de sanación del cuerpo se había diluido con el paso de los tiem­pos, no existiendo ya conocimiento sobre él.
Tras largas peregrinaciones y búsqueda, sus esfuerzos se vie­ron coronados con el éxito cuando entabló relación con un viejo abad de un monasterio zen cerca de Kioto, quien se interesó en su búsqueda. Estuvo más de tres años en dicho monasterio, y un día, siguiendo el consejo de su viejo amigo abad, Mikao Usui se retiró al sagrado monte Kurama, no muy lejos de allí, para hacer ayuno absoluto y meditación hasta alcanzar su objetivo. Una vez llegado al monte, alineó delante de él piedras en gru­pos de siete, y al final de cada día arrojaba una para ir marcando el tiempo transcurrido.
Durante todo su retiro no hizo otra cosa que ayunar y medi­tar. Al amanecer del vigésimo primer día, percibió un rayo luminoso y brillante dirigirse velozmente hacia él. Pese a su miedo inicial, decidió no moverse. Usui se dijo a sí mismo que iba a morir cuando entró en un estado de supraconciencia y de pronto vio miríadas de pequeñas burbujas multicolores de to­dos los tonos del arcoíris. Una voz que venía desde su interior le habló: «Recuerda, recuerda, recuerda... Tú eres eso». De esa forma, Usui Sensei alcanzó el estado que los japoneses llaman «Satori» (el «samadhi» de los hindúes), es decir, el estado de re­alización del Ser, la iluminación.
Y así, como consecuencia de esa experiencia en la que Usui Sensei se volvió uno con la Energía Universal, nació la forma ac­tual del Reiki, un regalo que el Maestro Usui recibió y que deci­dió compartir con el mundo.
Cuando Usui volvió a percatarse del mundo exterior, se dio cuenta de que el Sol se encontraba ya en el cénit. Su hambre y su fatiga ya no tenían importancia porque una nueva energía se había apoderado de él. Así recibió su sintonización con el Reiki y obtuvo el Conocimiento de sí mismo.
Usui decidió entonces dejar la montaña, anhelando comuni­cárselo a su viejo amigo el abad. Durante el descenso, yendo descalzo y con las prisas, se hirió en un pie, provocando que la uña del dedo pulgar se pusiera a sangrar. Desgarrado por el do­lor, se agarró el pie durante algunos minutos, canalizando ener­gía del Reiki hacia su dedo. El dolor se calmó casi de inmediato y la hemorragia se detuvo. Su propia curación sería la primera de una larga serie de curaciones.
Posteriormente, y debido a que tenía hambre, se detuvo en una posada donde comió copiosamente sin que la ruptura del ayuno supusiera un problema para él, y curó a la nieta del po­sadero de un fuerte dolor de muelas a cambio de la cena. Esta sería la primera sanación que realizaría a otra persona.
Esa misma tarde Usui volvió al monasterio de Kioto, donde ayudó al abad a vencer los dolores de una violenta crisis de ar­tritis y un fuerte dolor de espalda que lo mantenía en cama.

Al cabo de algunos días, con las bendiciones del abad, deci­dió marchar a los barrios bajos de Kioto para sanar a los mendi­gos y ayudarles a vivir en mejores condiciones. Pasó allí unos seis meses tratando gratuitamente a los pobres, pero comprobó que una vez sanados, en lugar de trabajar, muchos volvían a su antiguo modo de vida.

A algunos les preguntó por qué habían renunciado a su nueva vida, y ellos le respondían que trabajar era demasiado fa­tigoso y preferían la vida de mendigo, que les parecía más có­moda.
Esta respuesta trastornó profundamente a Mikao Usui y le hizo reflexionar. Los monjes tenían razón: «El desarrollo del es­píritu es lo prioritario y el cuerpo le sigue después». Rehusó en­tonces tratar gratuitamente a los mendigos por su falta de apre­ciación y comprendió que se había limitado a sanar sus cuerpos, sin enseñarles a ser agradecidos con sus vidas y sin proporcio­narles una solución radical a sus problemas. Usui se dio cuenta que no podría lograr curaciones reales sin encauzar el espíritu de sus pacientes. Fue entonces cuando, tras larga meditación e inspirado por la lectura de una obra del doctor Suzuki Bizan (según se cree), crearía y daría a conocer los ideales del Reiki, co­nocidos actualmente como los cinco Principios de Usui:
  1. Solo por hoy, no te enojes.
  2. No te preocupes.
  3. Sé agradecido.
  4. Trabaja diligentemente y honradamente.
  5. Sé amable con los demás.
Poco tiempo después, Usui decidió abandonar definitiva­mente el gueto y volver a Kioto, donde comenzó a recorrer con una antorcha en la mano, a plena luz del día, las calles de la ciu­dad. Cuando le preguntaban por qué hacía eso siendo de día, respondía que buscaba personas en busca de la Luz de la cual él era portador, personas realmente dispuestas a curarse, y que una antorcha ardiendo podía encender muchas apagadas.
A partir de ese momento comienza la última fase de su vida, viajando por todo Japón, dedicándose por entero a la enseñanza de la meditación y del método curativo con Reiki. Con este pro­pósito creó una clínica (Dojo, en japonés) en Tokio.
Usui Sensei murió el 9 de marzo de 1926 durante uno de sus cursos, y se encuentra ahora enterrado en el templo budista de Saihoji en Tokio. La historia de su vida, cuyos principales suce­sos se acaban de resumir, se encuentra grabada sobre su lápida funeraria, que ha sido descubierta a finales del siglo pasado.
Antes de su muerte, Usui escogió a su sucesor entre los veintiún maestros de Reiki que formó. Eligió al que le pareció que mejor había asimilado sus enseñanzas, Juzaburo Ushida (1865-1935), oficial de marina retirado. Juzaburo Ushida fue quien le sucedió y dirigió, tras la muerte de Usui a principios del siglo xx, la sociedad creada por el propio Mikao Usui («Usui Reiki Ryoho Gakkai») para extender el Reiki; también fue quien escribió el texto de la lápida conmemorativa de Usui.
Ushida vio a Usui por primera vez en un mercado mientras este portaba una antorcha en la mano y hablaba a la gente. Cuando Usui lo vio, le dijo: «Eres demasiado joven para reti­rarte, ven conmigo y ayuda a esta gente». Ushida aceptó.
Usui pidió a Ushida que tomara el compromiso de liderar la «Usui Reiki Ryoho Gakkai» y que le prometiera que esta nunca desaparecería de la Tierra. Ushida y otros maestros se lo prome­tieron y él fue elegido para seguir sus pasos y liderar la «Usui Reiki Ryoho Gakkai» cuando Usui muriera.
El doctor Chujiro Hayashi fue otro de los maestros que formó Usui Sensei y el único médico de profesión. Hayashi se separó de la «Usui Reiki Ryoho Gakkai» al morir Usui y creó una escuela que se llamaba «Hayashi Shikin Reiki Kenkyukai» del Sistema
Hayashi, y fundó la primera clínica de Reiki en Tokio, cerca del Palacio Imperial, en el barrio de Shina No Machi. Como militar, era más sistemático que asceta, y comprendió cuan importante era codificar las técnicas del Reiki y, al mismo tiempo, probar su eficacia. Al Maestro Hayashi le debemos muchas de las técnicas que se utilizan actualmente en el Reiki-Ho.
Usui le había hablado a Hayashi de su experiencia con los mendigos y de su gran error. Le dijo:
Primero dirígete al espíritu y luego sana lo físico. Hay que te­ner un cuerpo sano y una mente sana para que un hombre esté completo, y recuerda que los mendigos carecen de gratitud, por lo que no debes darles más tratamientos ni cursos de forma gratuita.
En la clínica de Reiki de Hayashi se aplicaba Reiki a los pa­cientes, incluso las veinticuatro horas del día en los casos parti­cularmente graves, y, muy a menudo, por varios terapeutas a la vez.
Gracias a las investigaciones de Hayashi, sabemos que el Reiki llega en primer lugar a descubrir en el individuo la causa primera de sus síntomas físicos. Luego, a remediar sus carencias energéticas y, finalmente, devuelve el equilibrio global. Además del tratamiento de los pacientes, la clínica aseguraba igualmente una preparación a todos los que querían curar a otras personas por medio del Reiki. A partir de ese momento, numerosos estu­diantes comenzaron a curar por todo Japón. Tras la muerte de Hayashi había cerca de un millón de practicantes en Japón des­pués de la Segunda Guerra Mundial.
La tumba de Usui Sensei se encuentra en Tokio 0apón), en el distrito de Toyotama, en el templo Saihoji, dentro del cemente­rio. Se reconoce fácilmente debido a su altura, que sobresale en­tre todas las demás tumbas, y lleva el inconfundible sello fami­liar del Sol y de la Luna de la familia Usui.
La inscripción de la tumba, según el investigador japonés Ta-naka Sensei, cuenta la verdadera historia de Mikao Usui, y está escrita en japonés antiguo de principios de siglo. La extensa ins­cripción fue redactada por los señores Okata y Ushida, este úl­timo sería presidente de la «Usui Reiki Ryoho Gakkai» y sucesor de Usui Sensei.

Tomado de:http://www.reikiunificado.com/historia-del-reiki

jueves, 28 de febrero de 2013

La Compasión


El ser humano se está alejando de los valores que le hacen ser feliz como la paz, la paciencia, la humildad, la alegría, la generosidad, los estados interiores negativos nos hacen ser desdichados, realmente no hemos nacido para alimentarlos.
La filosofía budista nos da un enfoque para retornar al estado natural de la mente y recuperar así nuestro equilibrio.
En años recientes muchos estudios apoyan la conclusión de que el desarrollo de la compasión y el altruismo tiene un efecto positivo sobre nuestra salud física y emocional.
En un conocido experimento, David Mc Clelland, psicólogo de la Universidad de Harvard, mostró a un grupo de estudiantes una película sobre la Madre Teresa trabajando entre los enfermos y los pobres de Calcuta. Los estudiantes declararon que la película había estimulado sus sentimientos de compasión. Más tarde, se analizó la
saliva de los estudiantes y se descubrió un incremento en el nivel de inmunoglobulina A, un anticuerpo que ayuda a combatir las infecciones respiratorias. En otro estudio realizado por James House en el Centro de Investigación de la universidad de Michigan, los investigadores descubrieron que realizar trabajos de voluntariado con regularidad, interactuar con los demás en términos dé benevolencia y compasión, aumentaba espectacularmente las expectativas de vida y, probablemente, también la vitalidad general. Muchos investigadores del nuevo campo de la medicina mente-cuerpo han realizado descubrimientos similares y concluido que los estados mentales positivos pueden mejorar nuestra salud física.
Además de los efectos beneficiosos que tiene sobre la salud física, hay pruebas de que la compasión y el cuidado de los demás contribuyen a mantener una buena salud emocional. Abrirse para ayudar a los demás induce una sensación de felicidad y serenidad. En un estudio realizado a lo largo de treinta años con un grupo de graduados de Harvard, el investigador George Vaillant llegó a la conclusión de que un estilo de vida altruista constituye un componente básico de una buena salud mental.
En una encuesta de Alían Luks, realizada entre varios miles de personas que participaban regularmente en actividades de voluntariado, más del 90% declaró tener una sensación de «entusiasmo» asociado con la actividad, caracterizado por un incremento de energía y autoestima y una especie de euforia. El voluntariado no sólo Proporcionaba una interacción que era emocionalmente nutritiva sino también esa «serenidad del que ayuda», vinculada con el alivio de perturbaciones derivadas del estrés.
Aunque las pruebas científicas apoyan claramente la postura del Dalai Lama acerca del valor de la compasión, no hay necesidad de acudir a experimentos y encuestas para confirmarla corrección de su punto de vista.
podemos descubrir los estrechos vínculos que existe entre compasión y felicidad en nuestras vidas y las vidas de quienes nos rodean. Joseph, un contrantista de la construcción de sesenta años, a quien conocí hace unos años es un buen ejemplo de ello. Durante treinta años, Joseph se aprovechó de las ventajas de la expansión aparentemente ilimitada que se produjo en Arizona, y se convirtió en multimillonario. A finales de la década de 1980, sin embargo, se produjo la crisis inmobiliaria más grande de la historia del estado. Joseph estaba fuertemente endeudado y lo perdió todo. Sus problemas financieros crearon fuertes tensiones entre él y su esposa, que finalmente llevaron al divorcio después de veinticinco años de matrimonio. Joseph empezó a beber en exceso. Afortunadamente, pudo dejarlo con la ayuda de Alcohólicos Anónimos. Como parte de su programa, ayudó a otros alcohólicos a rehabilitarse. Descubrió entonces que disfrutaba con la actividad de voluntario. Dedicó sus conocimientos empresariales a ayudar a los económicamente más débiles. Al hablar de la vida que llevaba, Joseph señaló:
Ahora soy propietario de un pequeño negocio de albañilería con unos ingresos modestos, y ya no volveré a ser tan rico como antes. Lo más extraño de todo, sin embargo, es que no añoro aquella prosperidad. Dedico mi tiempo a actividades de voluntariado para diferentes grupos, a trabajar directamente con la gente, a ayudarlos lo mejor que puedo. Actualmente, disfruto más en un solo día que antes en un mes, cuando ganaba mucho dinero. Nunca he sido tan feliz.

MEDITACIÓN SOBRE LA COMPASIÓN
(ENSEÑADA POR EL DALAI LAMA)
Al generar compasión, se empieza por reconocer que no se desea el sufrimiento y que se tiene el derecho a alcanzar la felicidad. Eso es algo que puede verificarse con facilidad. Se reconoce luego que las demás personas, como uno mismo, no desean sufrir y tienen derecho a alcanzar la felicidad. Eso se convierte en la base para empezar a generar compasión.Así pues, meditemos hoy sobre la compasión. Empecemos por visualizar a una persona que está sufriendo, a alguien que se encuentra en una situación dolorosa, muy infortunada. Durante los tres primeros minutos de la meditación, reflexionemos sobre el sufrimiento de ese individuo de forma analítica, pensemos en su intenso sufrimiento y lo infeliz de su existencia. Después tratemos de relacionarlo con nosotros mismos, pensando: "Este ser tiene la misma capacidad que yo para experimentar dolor, alegría, felicidad y sufrimiento". A continuación, tratemos de que surja en nosotros un sentimiento natural de compasión hacia esa persona. Intentemos llegar a una conclusión, pensemos en lo fuerte que es nuestro deseo de que esa persona se vea libre de su sufrimiento. Tomemos la decisión de ayudarla a sentirse aliviada. Finalmente, concentrémonos en esa resolución y, durante los últimos minutos de la meditación, tratemos de generar un estado de compasión y de amor en nuestra mente.
  
      Tomado de:www.actosdeamor.com

miércoles, 27 de febrero de 2013

La Flor de Loto

El loto es el símbolo del desarrollo espiritual, de lo Sagrado y de lo Puro. Los Buddhas en meditación son representados sentados sobre flores de loto y la madurez de la meditación (dhyâna) se simboliza por la flor de loto abierta, cuyo centro y pétalos llevan grabados símbolos de figuras de diferentes Buddhas y Bodhisattvas o de sus atributos, o bien figuras complementarias, según su carácter o sus funciones. Del mismo modo, los centros de consciencia en el cuerpo humano, están representados por flores de loto provistas, según sus funciones, de un número mayor o menor de pétalos y con diversos colores que se corresponden con su particular naturaleza..

El significado original del loto se extrae de la siguiente similitud: así como la flor de loto se abre paso desde el fondo de la oscuridad del estanque, sube a la superficie del agua y se abre después de haberse elevado por encima de su nivel, sin mantener contacto ni con la tierra ni con el agua, a pesar de haber nacido de ellas, así el espíritu, nacido de este mundo, abre sus pétalos, sus cualidades, después de haberse liberado de la corriente burbujeante de las pasiones y de la ignorancia y de haber transformado las fuerzas tenebrosas de las profundidades en la pureza clara del néctar de las flores, la consciencia iluminada (bodhi-citta), la incomparable gema (mani) en la flor de loto (padma). 

Del mismo modo el Santo, por su altura espiritual, está por encima del universo. Sus raíces permanecen en las sombrías profundidades del mundo, pero su cabeza se eleva hacia la plenitud de la luz. Abarca lo mismo las profundidades que las cimas, la oscuridad como la luz, lo material como lo inmaterial, la limitación de lo individual y lo universal sin límites, la forma y la no-forma, el samsarâ y el nirvâna, todo ello gracias a la síntesis viva de su identidad. Por eso se dice del que está totalmente despierto: « El Iluminado no es prisionero ni del ser ni del no ser, el Santo se escapa a todos los opuestos.» (Nâgârjuna).

Si el empuje hacia la luz no estuviera ya latente en el germen escondido en la profunda oscuridad de la tierra, el loto jamás tendería hacia la luz...



Lama Anagarika Govinda

martes, 26 de febrero de 2013

El capitalismo del Ego engendra monstruos


Sobre el homo oeconomicus,la ideología neoclásica o neoliberal está todo dicho, si bien no por parte de todos. Ya el poeta favorito de Alemania, Goethe, predijo en 1832 en su drama Fausto el dominio universal del dinero… ¡Y en verso! Sin embargo, a comienzos del siglo XXI tenemos que añadir algo esencial, nuevo y original: el Fausto digital, o más exactamente: el atrevimiento y ceguera fáusticos del capitalismo del ego.
Frank Schirrmacher, coeditor delFrankfurter Allgemeine Zeitung,describe en su libro de reciente aparición, Ego, cómo la implantación de este “nuevo” egoísmo ha ido adquiriendo carácter normativo y, tras la guerra fría, ha sellado la victoria de la teoría de la elección racional hasta en los detalles más nimios del mundo de la vida; incluso en el alma digital delhomo novus. Hasta el concepto sartriano de “mala fe” se queda demasiado corto, puesto que presupone la libertad de elección.
Los economistas afirman, naturalmente, lo de siempre: se trata solo de modelos. La del homo oeconomicus no es más que una hipótesis. Pero en el drama real, de desenlace abierto, en el que todos somos participantes y espectadores, víctimas y cómplices, lo que está en juego es cómo el homunculus oeconomicus —un ciborg, un androide, una figura artificial, a medio camino entre la máquina y el hombre— se ha escapado de los “laboratorios frankensteinianos de Wall Street”. Esa narración dramática también extrae su potencia de la brutal sencillez con la que se reacciona a la complejidad extrema del mundo: 1/0, sí/no, conectar/desconectar: es decir, los hombres actúan con códigos informáticos de acuerdo con las leyes de los economistas.
Nadie cree ya en nada, solo en lo que uno quiere. De ahí se deriva la desconfianza de todos frente a todos, de la que el mal se alimenta en todas partes. Aquí tenemos la paradoja: en un momento histórico en el que las instituciones del Estado de bienestar, los mercados financieros y la relación con el entorno natural sufren una crisis fundamental, surgen las “egomónadas”. Su funcionalidad no solo estriba en ocultar frente a otros las consecuencias de la propia acción. Más bien han de interpretarse como estrategias de evitación del riesgo en un mundo de riesgos globales: como una sociopatología del capitalismo del ego.


La crisis financiera y europea solo abre una primera perspectiva de esta ceguera del Fausto digital. Los mercados financieros no son más que los primeros mercados automatizados. Pero les seguirán otros. La comunicación social, los grandes datos, los servicios secretos, la manipulación de los consumidores, a quién se considera un terrorista, las universidades en la barahúnda reformista neoliberal, las relaciones amorosas digitalizadas, el choque de las religiones mundiales en el espacio digital, etcétera.
¿Qué tiene de novedoso el Fausto digital? En la Edad Media los alquimistas intentaban transformar en oro los metales innobles. Los actuales “alquimistas de los mercados” (Schirrmacher) transforman hipotecas tóxicas, de alto riesgo, en productos de primera clase, calificados con notas tan altas que incluso pueden ser adquiridos por los fondos de pensiones. ¿Puede uno comprar una casa sin dinero y gastar además un dinero inexistente? Sí, puede, replican los malabaristas financieros, esos neoalquimistas de bancos mundiales demasiado grandes para caer.
Ante nosotros se abre el nuevo mundo de la manipulación digital del alma. Innumerables agentes digitales, con frecuencia completamente estúpidos, están tan fascinados con sus ideas que no se dan cuenta en absoluto de cómo, a partir de los ingredientes de egoísmo, codicia y capacidad de engañar, surgen monstruos. Entre ellos, monstruos políticos. La política de ahorro con la que Europa responde en este momento a la crisis financiera desencadenada por los bancos es percibida por los ciudadanos como una monstruosa injusticia. Son ellos quienes tienen que pagar con la moneda contante de su existencia por la ligereza con la que los bancos han pulverizado sumas inimaginables. Sin embargo, quienes se dedican a entender al capital, los hermeneutas de los monstruos, han desarrollado un lenguaje curiosamente terapéutico. Los mercados son “tímidos” como cervatos, afirman. No se dejan “engañar”. Pero los verdugos económicos, denominados “agencias de calificación de riesgos”, que también rinden tributo a la religión terrenal de la maximización del beneficio, basándose en las leyes del capitalismo del ego emiten juicios que alcanzan a Estados enteros en el corazón de su ser económico: a Italia, España o Grecia.
“Cada hombre tiene que convertirse en el mánager de su propio yo(Schirrmacher). Ya ha pasado el tiempo en el que los empresarios eran empresarios y los trabajadores, trabajadores. Ahora, en el nivel del capitalismo del ego, ha surgido la nueva figura social del “empresario de sí mismo”: es decir, el empresario descarga la coerción de autoexplotación y autoopresión sobre el individuo, que tiene que aceptar con entusiasmo esta situación, porque ese es el hombre enteramente nuevo que ha nacido en el nuevo mundo feliz del trabajo. El empresario de sí mismo acaba siendo el “cubo de la basura” de los problemas irresueltos de todas las instituciones.
Y, sin embargo, la “individualización”, entendida en un sentido sociológico, es mucho más que eso, es “individualismo institucionalizado”. El proceso de individualización en este último sentido no se refiere únicamente a una ideología social, o a una forma de percepción del individuo, sino que hace referencia a instituciones centrales de la sociedad moderna, como los derechos civiles, políticos y sociales fundamentales, dirigidos todos ellos al individuo. De ahí surge una generación global, interconectada de forma transnacional, que ha de ensayar cómo volver a armonizar individualismo y moral social y cómo conjugar la libertad de arbitrio y la individualidad con una existencia orientada a los otros.


Muchos jóvenes ya no están dispuestos a ser soldados en la ejecución de las instrucciones jerárquicas en las organizaciones sociales, ni a renunciar a tener voz propia siendo previsibles peones de un partido. Antes al contrario, las instituciones —sindicatos, partidos políticos, iglesias— se convierten en jinetes sin caballos. La agitación anticapitalista que existe en el mundo probablemente tenga que ver con ambas cosas: el choque de la individualización de los derechos fundamentales con la mercadotecnia del yo que sigue reglas económicas transparentes.
El riesgo de colapso, cada vez más palpable, también ha despertado el sueño de una nueva Europa.
Vivimos en una época en la que ha ocurrido algo que hasta no hace mucho parecía inimaginable, esto es: que los fundamentos del capitalismo global —antes considerado racional, pero que ha terminado siendo irracional— se han hecho completamente políticos, es decir, cuestionables, e incluso políticamente modificables. Existen versiones radicalmente distintas del futuro de Occidente, donde entretanto tiene lugar casi una guerra fría civil: ¿se quiere un capitalismo regulable, que busque un equilibrio con los movimientos sociales y esté abierto a las cuestiones del clima, o se apuesta por la autorregulación del capitalismo globalizado del ego y por más intervenciones militares, de modo que se intente mantener la cohesión nacional aplicando el esquema de amigo/enemigo? Ese es el núcleo del conflicto.
Los riesgos globales son una especie de recordatorio colectivo forzoso de que el potencial de aniquilación al que nos hemos expuesto incluye nuestras decisiones y nuestros errores. Estas impregnan todos los ámbitos de la vida, pero al mismo tiempo abren nuevas oportunidades de transformación del mundo. Es la paradoja en virtud de la cual los riesgos globales dan aliento a la acción. En ello estriba la opción europea: plantear sistemáticamente la pregunta de qué alternativas hay al capitalismo digital del ego. La pregunta de cómo, mediante una Europa distinta, es posible más libertad, más seguridad social y más democracia.
Ulrich Beck es sociólogo y profesor de la London School of Economics y de la Universidad de Harvard. Su último libro publicado en España es Una Europa alemana,Paidós 2012.
Traducción de Jesús Alborés Rey.
El Pais

lunes, 11 de febrero de 2013

Cierto, pero no tanto...al menos por aquí



Las organizaciones están cada vez más preocupadas por premiar a los que realmente aportan, no a los que buscan el beneficio individual a cualquier precio. Éstos viven ahora su peor pesadilla: la presión de los resultados, del jefe y, sobre todo, del equipo.“Conseguir resultados y beneficios constantes en el tiempo es la clave y ahí, el trepa no tiene sitio”. Esta afirmación de David Comí, socio director de Incrementis, ilustra uno de los motivos que lleva a pensar que estos personajes tienen los días contados en la empresa. El motivo parece bastante evidente: “Este tipo siempre quiere conseguir resultados visibles a corto plazo, por la vía que sea posible, el camino más corto. Si es necesario no respetar, mentir, desacreditar o aprovecharse de otras personas para conseguirlo lo hará”.
El trepa tiene poca empatía con sus compañeros y no establecer vínculos afectivos le permite seguir con su actividad. Su meta es llegar a lo más alto, caiga quien caiga. Pilar Jericó, socia directora de Be-Up, dice que eso que siempre ha sido mal visto en los grupos de trabajo, ahora es una evidencia a voces: “La crisis ha contribuido a una erosión emocional muy fuerte y los equipos tienden a apoyarse más que nunca. Ahora toca arrimar el hombro. Los que vayan por libre quedan fuera”.
El resultado de esta situación es que las personas disonantes, aquellas que no siguen al equipo, adquieren relevancia por el mal ambiente que generan. “El trepa es un perfil muy de logro, desconectado de la afiliación y la influencia, lo que le ciega para ver al otro”, señala Jericó.
Cambiar comportamientos en un equipo de trabajo es difícil. Si se trata de personas que durante una buena temporada, sobre todo en la época de bonanza, se sentían cómodos en la individualidad todo se complica. Entonces los trepas campaban a sus anchas, conseguían sus objetivos sin preocuparse más que de ellos mismos. Jericó asegura que esa estrategia ya no funciona, “el éxito individual no es tal si este no contribuye al equipo. Si el profesional no aporta, sus méritos pasan inadvertidos”.
En opinión de Comí, para conseguir resultados se deben compartir metas y objetivos con otras personas, “para ello es necesaria la interacción y la colaboración mutua. Los profesionales deben desarrollar habilidades como la empatía, la escucha activa, la proactividad y la colaboración”.
Aunque en el caso del trepa se trata de comportamientos muy arraigados, la socia de Be-Up afirma que en estos momentos, el miedo a un posible despido si no se produce un cambio de actitud ayuda: “Recordemos que se trata de tipos que quieren destacar a cualquier precio. No obstante es el momento de que el líder actúe contra ellos y salga reforzado”.
Desenmascarar al malo
Como en cualquier tribu, conseguir expulsar al tóxico puede convertirse en un aliciente que, en el caso de entornos laborales, puede traducirse en un aumento de la productividad. Jericó asegura que el jefe que logre librarse del trepa puede salir favorecido, “y no sólo por quitarse de encima a este tipo, sino a todos aquellos considerados disonantes que pueden generar ruido. Una cosa es crear equipos diversos pero otra muy distinta es incluir profesionales que pueden abocar a la destrucción de los mismos”.
Los victimistas, los vampiros emocionales capaces de robar la energía ajena en su propio beneficio o los mandones también están en peligro de extinción. Según Comí, dejar a la vista a estos personajes “aumentará el clima de colaboración entre compañeros y se creará un ambiente más positivo y básico para que las personas tengan un alto rendimiento. Esto se concentra en probar, arriesgar y conseguir, no sólo en cumplir órdenes”.
Los buenos jefes son los grandes beneficiados por esta coyuntura. Ahora tienen la oportunidad de penalizar las malas prácticas de los trepas, “dejar claro que lo que importa son los resultados y el desarrollo profesional de sus colaboradores, no las adulaciones, peloteos y que les bailen el agua. Si el líder permite tener trepas en su departamento, no formará un equipo de trabajo, tendrá sólo un equipo de personas” 
Tomado de: Expansión.com

martes, 5 de febrero de 2013

Soliloquio sobre la cobardía

Decía Gandhi que ‘más atroz que las cosas malas de la gente mala es el silencio de la gente buena’. Pero ¿por qué la gente buena tiene que hablar o manifestarse?. Ha podido perder las ganas de hacerlo o quizás es que no la dejan hablar o simplemente su voz no se escucha entre el ruido que produce la multitud de cacareos. De cualquier manera si no lo hace no es por cobardía. La gente buena no puede ser cobarde porque entonces ya dejaría de ser buena gente. Los cobardes, llegado el caso, pueden vender a su madre y a su abuela a cambio de un plato de alubias o a cambio de colgarse una pequeña medalla en la solapa. Quizás por eso no son tan buenos… Fue ante estas dudas que un día Charles de Gaulle preguntó al filósofo Jean Guitton: ‘- Dígame Maestro, ¿qué es la cobardía?’. Éste le respondió: ‘- La cobardía, General, es buscar la aprobación y no la verdad, las condecoraciones y no el honor, el ascenso y no el servicio, el poder y no la salud de la Humanidad’. Parece pues que la bondad no es compatible con la cobardía porque esta última acaba por impeler al individuo que la anida a la maniobra sucia y a la acción oscura con fines que no van más allá de su propio egoísmo… Así, cualquiera concluiría que no es la cobardía la que provoca el silencio de la gente buena, y puede que no sea consecuencia mas que del fruto maduro de la propia experiencia, que no haya otra razón mas que la prudencia serena ante la cobardía probada de los que los dirigen o gobiernan o someten

Tomado de:http://www.ellibrepensador.com/2008/11/04/soliloquio-sobre-la-cobardia/

A mi buen Amigo


            A Margarito (el perdiz o capitán araña)

      Margarito el perdiz, resbala como una lombriz
      Siempre llega retrasado
      el reloj no le ha sonado, algún camión le ha bloqueado.
       O quizás por algo del banco le han llamado.

      Margarito el perdiz, con tu apellido de princesa
      solo te van ciertas fresas,
      no te escurras hoy de lado ,se te descongela 
      el pescado.

      Margarito el perdiz ,
      siempre de todo enterado, el colmo de lo enrevesado
      y no eres capaz de sentir, no se te da ni mentir
      muchas flechas te han fallado.

      Margarito el perdiz
      de nada valen los lujos si la vida es un tapujo
      si no caminas despierto, ya no saldrás del desierto
      te importa un pito lo que vale ,la mordaza, esa es tu clave.

      Margarito el perdiz
      en la vida tu eres un aprendiz, dudas no me caben
      en tus ojos se nota , muchos lo saben
      Crees que todo es para siempre y que tiene precio
      Y ahí es donde se te sale el necio

      Margarito el perdíz
      Podrás creer en tus planes, te rodeas de rufianes
      ni siquiera disimulas, no te crees ni tus dudas
      Magistral en tus escapadas por peteneras a las sombras
      Ya te pondrá la vida en tu alfombra.

                Guti