lunes, 31 de diciembre de 2012
viernes, 28 de diciembre de 2012
Paisajes al borde del silencio
Siempre regreso al camino
Está lleno de recuerdos
Siempre vuelvo a recorrerlo
estando despierto o dormido
Hay dolores que no cesan
son parte del equipaje
hay aromas que me impregnan
el alma de imaginarte
Llega el odio sin remedio
llega el frío y vuelve el antes
Compañeras del viajero
nacido en ninguna parte
Siempre recorro el camino
me ha tocado caminarle
aunque lluevan las canciones
sobre ninguna parte.
Siempre regreso al camino
cargado con mis recuerdos
Siempre amanezco despierto
soñando que había dormido.
Guti
Dolor común
Cállate, corazón, son tus pesares
de los que no deben decirse, deja
se pudran en tu seno; si te aqueja
un dolor de ti solo no acíbares
a los demás la paz de sus hogares
con importuno grito. Esa tu queja,
siendo egoísta como es, refleja
tu vanidad no más. Nunca separes
tu dolor del común dolor humano,
busca el íntimo aquel en que radica
la hermandad que te liga con tu hermano,
el que agranda la mente y no la achica;
solitario y carnal es siempre vano;
sólo el dolor común nos santifica
Miguel de Unamuno
de los que no deben decirse, deja
se pudran en tu seno; si te aqueja
un dolor de ti solo no acíbares
a los demás la paz de sus hogares
con importuno grito. Esa tu queja,
siendo egoísta como es, refleja
tu vanidad no más. Nunca separes
tu dolor del común dolor humano,
busca el íntimo aquel en que radica
la hermandad que te liga con tu hermano,
el que agranda la mente y no la achica;
solitario y carnal es siempre vano;
sólo el dolor común nos santifica
Miguel de Unamuno
jueves, 27 de diciembre de 2012
domingo, 23 de diciembre de 2012
Respirar
| Respirar es vivir. La respiración no requiere esfuerzo ni voluntad, pero es muy importante hacerlo bien. Quienes respiran mal se debaten entre innumerables dificultades en todos los dominios: salud, profesión, afectividad, etc. Son, por desgracia, la mayoría, porque de hecho todos respiramos más o menos mal. Muchísimos pulmones nunca se ventilan a fondo. Todos los fenómenos vitales están ligados a procesos de oxidación y de reducción: sin oxígeno no hay vida. Nuestras células dependen de la sangre para su aprovisionamiento de oxígeno; si por nuestras arterias circula sangre pobre en oxígeno, la vitalidad de cada una de nuestras células se encuentra disminuida. Nuestro deber, en sentido estricto, es asegurarles este aprovisionamiento de oxígeno que necesitan. No solamente se respira muy mal, sino que a menudo la calidad del aire que se respira es más que dudosa. De aquí proviene también la falta de resistencia a las enfermedades, la fatiga, el rechazo a todo esfuerzo físico, el nerviosismo y la irritabilidad. El aporte de oxígeno es sólo un aspecto de la función respiratoria, pues ésta también abarca la expulsión del CO2. Las células no disponen de ningún otro medio de desembarazarse de los restos que producen, fuera del de arrojarlos a la sangre. La purificación tiene lugar especialmente en los pulmones; además, en los pulmones mal ventilados, innumerables gérmenes pueden desarrollarse en la oscuridad tibia y húmeda que les es favorable. El bacilo de Koch no resiste la acción del oxígeno; la respiración correcta, al asegurar la ventilación completa de los pulmones, inmuniza contra la tuberculosis y contra otras muchas enfermedades del aparato respiratorio. Si se aprende a respirar correctamente la recompensa es importante; el cuerpo se vuelve fuerte y sano; el exceso de grasa desaparece, el rostro resplandece, los ojos centellean y un encanto particular se desprende de toda la personalidad. La voz también se vuelve dulce y melodiosa. La persona iniciada en el arte de la respiración ya no es presa fácil de la enfermedad. La digestión se hace con facilidad –hay que recordar el apetito que se tiene después de una larga caminata al aire libre. Todo el cuerpo se purifica y se facilita el ser conscientes y el obrar apropiadamente. Es cierto que una correcta respiración actúa beneficiosamente sobre la salud, pero también sobre el pensamiento y la voluntad. Se puede comprobar cuando se tiene que levantar una carga, pues se levanta más fácilmente después de haber hecho una respiración profunda. En los acontecimientos que suceden en la vida cotidiana, en las relaciones con los demás, es positivo pensar también en respirar, pues ello ayuda a no perder la consciencia y a no caer en la equivocación. Antes de una conversación, por ejemplo, para que la discusión no degenere en disputa, o si se está confuso, es beneficioso respirar conscientemente. Si durante dos o tres minutos se inspira y se espira profundamente los pensamientos se aligeran y se aclaran. Muchas veces creemos que necesitamos ayuda y la buscamos fuera de nosotros cuando en realidad toda la ayuda la tenemos en nuestro interior. La forma de respirar y los estados mentales se hallan muy estrechamente conectados. Sólo hay que pensar en la respiración regular y profunda del sueño, en el jadeo de alguien que está muy asustado o en la suspensión de la respiración de alguien que se encuentra profundamente impactado. La respiración es un buen medio para ser conscientes del presente y del propio cuerpo. La regularidad y un ritmo pausado y profundo de la respiración tiene un efecto calmante y disminuye la velocidad del proceso del pensamiento, ayudando a vivir espiritualmente. Antes de nuestro nacimiento nuestra madre respiraba por nosotros; pero desde nuestra llegada al mundo, cuando el contenido de CO2 en la sangre aumentó, el aparato respiratorio puso en marcha nuestra primera y profunda inspiración. Los pulmones se desplegaron en la caja torácica: realizamos nuestro primer acto autónomo. Desde entonces, el flujo y el reflujo de la respiración ritman nuestra vida hasta que realicemos el último suspiro. A partir del momento en que la matrona corta el cordón umbilical los pulmones se convierten en la placenta que une al ser humano con la madre cósmica. Si llegamos a comprender el sentido profundo de la respiración sentiremos que poco a poco nuestra propia respiración se funde con la respiración universal. La respiración consciente nos aporta bendiciones incalculables en todos los planos de nuestra vida. Es preciso que observemos sus efectos positivos en nuestro cuerpo, en los sentimientos y pensamientos y, también, en todas nuestras facultades, pues la respiración consciente es a la vez una concreción de la vida espiritual y una ayuda de ésta. Tomado de : Proyectopv |
viernes, 21 de diciembre de 2012
LA Resonancia de Shumann y la vibración por simpatía
La Resonancia Schumann es algo así como un pulso electromagnético. Ese pulso lo causan las ondas que viajan por el espacio comprendido entre la superficie terrestre y la ionosfera (a 100km de altitud), que actúa de caja de resonancia.
La frecuencia más o menos constante de dicha resonancia son unos 7’8 hertzios, y constituye una especie de latido o “tempo”, como un metrónomo planetario.Es responsable del equilibrio biológico, y las ondas de nuestro cerebro pulsan a esos 7’8hz. Experimentos realizados con astronautas en el espacio demostraron que sufrían desequilibrios y enfermedades fuera de la resonancia Schumann.
Desde 1980 dicha pulsación ha ido aumentando progresivamente de esos 7’8hz a los 11hz, y de los 11 a los 13hz. Entonces, ¿qué ocurre con nosotros?¿seguimos pulsando a 7’8hz?
Existe un fenómeno llamado “vibración por simpatía” que nos puede ayudar a entender este fenómeno y, de paso, comprender como poder vibrar a esa nueva frecuencia.
Ese aumento del pulso electromagnético de La Tierra obedece a cambios estructurales y evolutivos del propio planeta y, por extensión, de sus habitantes. Algunos síntomas físicos son la sensación de que el tiempo corre más rápido (en principio, las 24h del día se viven como 16), dolores de cabeza o espalda, etc…
De algún modo, debemos empezar a funcionar bajo esa pulsión. El propio planeta ya nos empuja, pero internamente es interesante tomar la proyección correcta para acompañar ese cambio.
La vibración por simpatía o por resonancia es un curioso fenómeno físico que se da, entre otros, en la música. Es una vibración que se induce en un cuerpo por cercanía del que emite las vibraciones.
Si abrimos la tapa de un piano y tocamos con fuerza un La, por ejemplo, al soltarlo veremos que en ese momento todos los La que hay en el piano suenan, aunque más flojo. Ese primer La ha inducido a los restantes a que vibraran.
Eso se debe a que la vibración de una nota es equivalente en sus octavas superiores e inferiores. Para que se entienda: tenemos el La 440hz, su octava superior es el La 880, la siguiente el La 1760 y así sucesivamente hasta superar la barrera de los 20.000hz, en que los sonidos dejan de ser audibles. Se multiplica por 2 la vibración.
Las octavas inferiores también pero dividiendo por 2: 220, 110, 55, hasta que bajamos de cero, con lo cual dejamos de oír el sonido. Hacia arriba oiremos sonidos cada vez más agudos y hacia abajo cada vez más graves.
La octava superior contiene en ella misma la cantidad de vibración de la inferior más una unidad entera más. Y las inferiores la mitad de la que viene después. Así, un La está representado en todos los demás Las de uno modo holográfico.
Por lo tanto, podemos decir que la resonancia Schumann está haciendo vibrar algunas notas en nosotros por el efecto de simpatía. Debemos detectar cuales y, a través de ellas, subir el tono vibracional para adecuarnos al que pulsa el planeta. Es decir, el planeta nos está induciendo a vibrar más alto.
Esos tonos no se definen como notas, pero en el fondo estamos hablando de lo mismo: vibraciones. La vibración interna de cada uno es como su nota particular, su acorde. La vibración de la tierra hace resonar los tonos vibracionales que tenemos cada uno, más los de la naturaleza.
Esa particularidad hace que cada persona tenga sensaciones o incluso vivencias diferentes al respecto. Por ello es importante detectar en que parte de uno mismo el planeta está haciéndonos vibrar más alto, o llamándonos a hacerlo.
Puede sonar demasiado abstracto, así que pondré un ejemplo más claro con la risa: La risa se contagia por ese mismo fenómeno. Y no porque nos la contagie alguien más o menos simpático, sino porque la vibración de la risa está fuertemente enraizada en el Alma del ser humano. Por ello se dice que el sabio siempre ríe.
Una risa auténtica, un ataque de risa o la risa de un niño contagian al más duro de los seres. Al principio quizá no, nos mantenemos en nuestra vibración baja debido a nuestros problemas y dificultades, pero poco a poco va ablandándonos hasta que nos vence.
Así que la resonancia Schumann puede ser vista como la risa del planeta, como una canción que nos invita a hacer coro, a cantar cada uno en su tesitura. Sólo hay que escuchar en que parte de nosotros suena la melodía.
La frecuencia más o menos constante de dicha resonancia son unos 7’8 hertzios, y constituye una especie de latido o “tempo”, como un metrónomo planetario.
Desde 1980 dicha pulsación ha ido aumentando progresivamente de esos 7’8hz a los 11hz, y de los 11 a los 13hz. Entonces, ¿qué ocurre con nosotros?¿seguimos pulsando a 7’8hz?
Existe un fenómeno llamado “vibración por simpatía” que nos puede ayudar a entender este fenómeno y, de paso, comprender como poder vibrar a esa nueva frecuencia.
Ese aumento del pulso electromagnético de La Tierra obedece a cambios estructurales y evolutivos del propio planeta y, por extensión, de sus habitantes. Algunos síntomas físicos son la sensación de que el tiempo corre más rápido (en principio, las 24h del día se viven como 16), dolores de cabeza o espalda, etc…
De algún modo, debemos empezar a funcionar bajo esa pulsión. El propio planeta ya nos empuja, pero internamente es interesante tomar la proyección correcta para acompañar ese cambio.
La vibración por simpatía o por resonancia es un curioso fenómeno físico que se da, entre otros, en la música. Es una vibración que se induce en un cuerpo por cercanía del que emite las vibraciones.
Eso se debe a que la vibración de una nota es equivalente en sus octavas superiores e inferiores. Para que se entienda: tenemos el La 440hz, su octava superior es el La 880, la siguiente el La 1760 y así sucesivamente hasta superar la barrera de los 20.000hz, en que los sonidos dejan de ser audibles. Se multiplica por 2 la vibración.
Las octavas inferiores también pero dividiendo por 2: 220, 110, 55, hasta que bajamos de cero, con lo cual dejamos de oír el sonido. Hacia arriba oiremos sonidos cada vez más agudos y hacia abajo cada vez más graves.
La octava superior contiene en ella misma la cantidad de vibración de la inferior más una unidad entera más. Y las inferiores la mitad de la que viene después. Así, un La está representado en todos los demás Las de uno modo holográfico.
Por lo tanto, podemos decir que la resonancia Schumann está haciendo vibrar algunas notas en nosotros por el efecto de simpatía. Debemos detectar cuales y, a través de ellas, subir el tono vibracional para adecuarnos al que pulsa el planeta. Es decir, el planeta nos está induciendo a vibrar más alto.
Esos tonos no se definen como notas, pero en el fondo estamos hablando de lo mismo: vibraciones. La vibración interna de cada uno es como su nota particular, su acorde. La vibración de la tierra hace resonar los tonos vibracionales que tenemos cada uno, más los de la naturaleza.
Esa particularidad hace que cada persona tenga sensaciones o incluso vivencias diferentes al respecto. Por ello es importante detectar en que parte de uno mismo el planeta está haciéndonos vibrar más alto, o llamándonos a hacerlo.
Puede sonar demasiado abstracto, así que pondré un ejemplo más claro con la risa: La risa se contagia por ese mismo fenómeno. Y no porque nos la contagie alguien más o menos simpático, sino porque la vibración de la risa está fuertemente enraizada en el Alma del ser humano. Por ello se dice que el sabio siempre ríe.
Una risa auténtica, un ataque de risa o la risa de un niño contagian al más duro de los seres. Al principio quizá no, nos mantenemos en nuestra vibración baja debido a nuestros problemas y dificultades, pero poco a poco va ablandándonos hasta que nos vence.
Así que la resonancia Schumann puede ser vista como la risa del planeta, como una canción que nos invita a hacer coro, a cantar cada uno en su tesitura. Sólo hay que escuchar en que parte de nosotros suena la melodía.
lunes, 17 de diciembre de 2012
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